Si queremos libre mercado, debemos tener poderosas instituciones fiscalizadoras y leyes adecuadas

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El dicho “La moralidad de un hombre no se mide por lo que hace, si no, por lo que haría si nadie lo viera”, a muchos de nosotros nos dejaría en vergüenza. Al parecer los seres humanos nunca maduramos y necesitamos que alguien nos vigile siempre para evitar que hagamos “maldades”, tenemos policías, creamos dioses, tenemos leyes, guardias, etc., y esto también ocurre en la relación entre empresario, trabajador y consumidor/cliente.

Los hechos muestran que la sociedad debe tener instituciones independientes que vigilen el comportamiento de quienes controlan las empresas y leyes que castiguen severamente las faltas, para evitar que; con el fin de cumplir el principio de "maximizar las utilidades y minimizar los gastos", se caiga en el abuso de producir artículos de baja calidad, pagar malos sueldos, contratar menos personal del realmente necesario, no efectuar las mantenciones requeridas, ponerse de acuerdo para fijar precios con otras empresas del mismo rublo,  crear relaciones verticales (como las Isapres con los laboratorios y centros médicos), es decir, utilizan cualquier recurso al filo de la legalidad y de existir la oportunidad, buscar políticos de moralidad dudosa y los financian para que legislen leyes que los favorezcan.

La moralidad y la justicia no van de la mano cuando se tiene por único fin el éxito económico de los grandes empresarios e inversionistas y ejemplos en la historia hay muchos:

Empresas Tabacaleras; sus dueños sabían desde los años 1950 que la nicotina era adictiva y que el consumo de cigarrillos causaba cáncer ¿y qué hicieron?, pues desinformar y engañar al público consumidor por más de 50 años, mientras la gente seguía enfermando. Aun hoy esta industria desarrolla productos que hacen más adictivo el cigarrillo y que provocan enfermedades, con un resultado de millones de muertes. El mismo principio sirve para empresas que fabrican armas y municiones y que las venden a regiones en conflicto.

Exxon (hoy ExxonMobil); producto de sus propias y rigurosas investigaciones conocía sobre el cambio climático en 1977, pero pasó décadas negándolo, contrato a los mismos consultores que tenían las Tabacaleras para desarrollar su estrategia comunicacional. Fue líder en las campañas para desinformar y así ayudó a evitar que Estados Unidos, India y China firmaran el Protocolo de Kioto en 1998. Paralelamente promovían pseudociencias negacionistas y atacaban a los científicos que advertían sobre el cambio climático.

Si los dueños de Exxon y demás empresas dedicadas a los combustibles fósiles, hubieran sido honestos, muy probablemente hoy estaríamos en una situación más favorable con respecto al Calentamiento Global, en cambio gracias a su actuar, el daño a la humanidad que causaron es incalculable e irreversible.

Volkswagen; sus directores se dedicaron a equipar los vehículos diesel que fabricaban con software que falseaba los datos de las emisiones contaminantes, con el propósito de engañar a las autoridades medioambientales y así obtener una certificación ecológica. En su caso, era mucho más barato hacer el engaño que desarrollar y construir un motor realmente “limpio”.

En nuestro país, tenemos el genocidio ocurrido desde fines del siglo XIX hasta principios del siglo XX, sobre el pueblo Selknam, donde las familias de los Braun y Menéndez tuvieron una importante participación y todo para robar la tierra a sus legitimos dueños y convertirlas en estancias ovejeras.

Hace pocos años tuvimos el caso del alimento especial para pacientes con deficiencia nutricional o enfermedades crónicas, llamado ADN, el cual fue producido con una cantidad errónea de cloruro de potasio y a pesar que los dueños sabían el potencial daño, igual fue comercializado en hospitales y farmacias, causando varias muerte, lamentablemente y por deficiencia en nuestras leyes los culpables no fueron castigados.

En el último tiempo hemos tenido que incorporar en nuestro vocabulario el término colusión, en un principio se describió como una situación excepcional, pero tristemente con el paso del tiempo y al surgir nuevos casos, nos dimos cuenta que es una situación normal y que se prolonga por muchos años. Este delito de “cuello y corbata, amparado por la ley”  fue gracias a que tienen penas y multas muy bajas, comparadas con las ganancias que permiten. En resumen, por vivir preocupados y distraídos con el futbol y la farándula, no notamos que el “dedo de Jara”, no es nada comparado con lo que nos hacían, por largo tiempo, los grandes empresarios, ayudados por políticos muy bien pagados.

A veces pienso que para transparentar nuestra política, quienes mueven los hilos del poder en Chile como los Luksic, Paulmann, Solari Falabella, Angelini, Matte y los Julio Ponce Lerou, debieran tener un representante en nuestro parlamento y así no tendrían que financiar a los políticos para que legislen por ellos y nosotros tendríamos claro que quieren y cuando una ley es para todos o para unos pocos.

Cuando se analiza la historia humana, podemos ver que este tipo de situaciones son tristemente normales y son independientes del tipo de gobierno. Una buena forma de minimizar este actuar tendría que ser durante la formación escolar, enseñar a tener empatía a tener capacidad de ponerse en el lugar del otro, a que mi actuar, sobre todo en un mundo tan globalizado, afecta por acción o inacción a personas que no conozco, pero igual me deben importar ya que en algún momento me van a afectar. Para esto, los colegios debieran mostrar la diversidad de la sociedad donde están insertos, no debieran existir colegios para ricos ni colegios para pobres, en el colegio tendrían que aprender a convivir con la diversidad, aprender que hay otras formas de solucionar los problemas, hay otras formas de ver el mundo, hay personas viviendo bajo otras condiciones, etc.

Y aprender a preguntarnos, por ejemplo; ¿Por qué los productos del país donde importamos son tan baratos, cómo se fabrican, hay niños o esclavos detrás? ¿Qué pasa con el plástico que tiro a la basura? ¿cómo será el clima de aquí a 5 años?, ¿Qué medidas debiera pedirle a nuestro gobierno?, etc.

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Comentarios

Hay algunos países importadores que exigen que en las facturas aparezca el texto de que el producto vendido no ha sido fabricado por niños, esclavos o presidiarios. Pero es cólo una cláusula que, aparentemente, no se fiscaliza. En Chile no estamos "libres de pecado" pues recuerdo que la mayoría de los enrayadores, o sea, los que insertaban los rayos en las ruedas de bicicleta, eran niños, porque sus pequeñas manbos son más apropiadas para esta tarea. Se supone que lo hacían fuera de sus horas escolares. Eso era de aquellos tiempos en que se protegía la industria nacional, asunto ya olvidado. Quizá ya estamos demasiado atados de pies y manos por acuerdos internacionales.

Referente a las tabacaleras, cierto, han envenenadoa a la población con un producto cancerígeno, pero...¿dónde están las fotos de los hígados destrozados por exceso de alcohol en las botellas de licores y demases? ¿Dónde están las imágenes de arterias tapadas de colesterol en los envases de embutidos, mantequillas, carnes grasas?

Los productores se preocupan, el vino es antioxidante y "debemos" ingerir al menos, una o dos copas diarias de vino tinto, el alcohol, en otros "estudios" previene un montón de males, etc. Cada fabricante descubre, para regocijada recepción de consumidores, todas las gracias de los productos más nefastos, pero atractivos. (Mi cardiólogo me advirtió que los beneficios antioxidantes del vino están en la uva, por lo que no es necesario que se convierta en alcohol).

En el fondfo de todos los males, la democracia, tal como se practica, es una falacia.

Cordiales saludos

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