Expiración

1464866923855-4-_expiraci_n.jpg

Necesitamos estar preparados para el día que caiga la cortina del último acto. Es imperioso decirlo, y más aún reconocerlo. Infaliblemente, cuando esa umbrosa andanza nos alcance, nada llevaremos para esa emigración eterna destinada hacia el más allá de la vaporosa línea que separa el horizonte del reino celestial.

Todo personaje mundanal anda descalzo por la vida en un mundo que pasa sin interrupciones pero con prisa. Y mismo así, al partir, todos dejaremos detrás los perdones que no pedimos, los amores que no vivimos, los sueños no realizados y nos iremos con lo puesto.

Retóricamente, en ese último viaje de la vida, cuando la noche inesperada nos atrape sin más y nuestros párpados sucumban en la oscuridad, sólo habremos de llevar lo que tenemos dentro, en el alma, en la mente y el espíritu.

Vivamos la vida hoy, porque a partir de ese entonces ya no habrá una boca seductora a reclamar besos imposibles, ojos que amen en silencio en cuanto miran bobalicones, propuestas que quedaron ahogadas en el apocamiento de la integridad, manos suaves que acaricien cuerpos ardientes o desalientos que fueron esperanza un día y se marchitaron en el corazón como flor arrancada con prisa de su tallo. Tampoco ha de existir una nueva oportunidad para entregar esas promesas de amor que cierto día abortamos por causa de otros alborotos.

Luego de expeler el último suspiro, inmóvil y tieso, el cartujo más taciturno ya no podrá distinguir como su piel se convierte en pellejo hasta secarse y transmutar de pronto en un ajeado pergamino. Ya de nada valdrán entonces las experiencias vividas y sus demás minucias, y por acaso el recuerdo de nuestro nombre será como un paisaje que llena el contorno de quienes aún no han partido. 

|

Comentarios

   Si tuviera que despedirme ahora / diría adiós/ a los amigos que no he vuelto a ver/ porque me han olvidado o me precedieron / y a los que aún quedan / compartiendo soledades.

Diría adiós a trabajos y proyectos, / que iban saliendo del teclado./ Saludaría a las ciudades con esplendor de siglos  /cuyas aceras no alcancé a  recorrer./ Diría adiós a los colores de la tarde/a la noche del desierto,/ a la voz del agua / al perfume de las hojas,/ al sabor del viento/ diría adiós al compañero que nunca tuve / pediría perdón a la niña que fui / por haberla dejado desamparada / aguardando un mundo de maravillas / y diría adiós al ángel de la guarda / ese ¡tan descuidado!  /a punto de quedar cesante.}

Cordiales saludos

Comentarios de este artículo en RSS

Comentarios recientes

Cerrar