En defensa de la masturbación femenina

A los sexólog@s nos asombra que, ya adentrados en el siglo XXI, algunas mujeres latinoamericanas todavía tengan prejuicios en contra de la masturbación femenina. Pero, por otro lado, también podemos observar como esta actitud se está modificando día a día a pasos agigantados y, probablemente, en la próxima década ya nos habremos acercado significativamente a lo que sucede en los países más desarrollados.

En dichos países, la inmensa mayoría de las mujeres reconocen que la practican regularmente aunque tengan pareja y se la considera una útil herramienta terapéutica para las disfunciones sexuales femeninas desde hace muchas décadas atrás, fuera de los múltiples beneficios para la salud que se han ido descubriendo a lo largo del tiempo. Incluso la OMS (Organización Mundial de la Salud) ha declarado que la masturbación no causa ningún daño - ni físico ni psicológico - y promueve su uso.

Aunque se sabe que la masturbación ha existido desde siempre, en todo periodo histórico, en toda cultura, en toda clase social, a cualquiera edad, en ambos géneros y en los animales; continúa teniendo una mala reputación en nuestros países. Mientras que los hombres hablan sin tapujo de sus hábitos masturbatorios, para algunas mujeres - salvo para las más jóvenes - la masturbación continúa siendo un tema tabú y aún quedan resabios inexplicables de sentimientos de culpa o vergüenza.


En la clínica observamos que las pacientes reflejan una actitud ambivalente hacia esta práctica, a pesar de que no sean creyentes, que reconozca que no es perjudicial ni pecaminosa y que aporta una serie de ventajas para la salud - tanto física como psicológica - la aceptan a un nivel teórico pero la rechazan en sus vidas, sin ni siquiera saber por qué, aduciendo una vaga incomodidad o por ser algo “sucio”. Esta actitud negativa es mucho más común en casos de disfunciones sexuales, en comparación a cuando se consulta por problemas en otras áreas de la relación de pareja. Pero, lo que más nos llama la atención a los profesionales es que aquellas mujeres cuyas parejas sufren de bajo deseo sexual (Deseo Sexual Hipoactivo), son las más renuentes a masturbarse, debido a lo cual el hombre se siente el único responsable de su satisfacción sexual.


De modo similar, pareciera que en algún@s terapeutas sexuales también reinan los prejuicios, puesto que ell@s dan por supuesto que el hombre practica la masturbación habitualmente; en cambio, a la mujer le preguntan si lo hace o si lo ha hecho alguna vez. Es así como a la sexología le tomó su tiempo incorporarla como una técnica terapéutica indispensable. No obstante, ya a partir del comienzo del siglo XX, los psiquiatras, psicólogos y sexólogos empiezan a incluirla como tal y desde hace ya más de tres décadas que cada vez más especialistas la utilizan habitualmente en los tratamientos de las disfunciones sexuales femeninas. Más aún, hoy en día se suele recurrir también al uso de las TIC (tecnologías de la información y la comunicación) a modo de material erótico para estimular el deseo y las fantasías sexuales. Recordemos que el principal órgano sexual de la mujer es la mente.


Desde la antropóloga Margaret Mead hasta los padres de la sexología moderna Masters y Johnson, pasando por Kinsey, han señalado una marcada asociación entre la masturbación femenina y la capacidad orgásmica. También descubrieron que la mayoría de las mujeres que nunca se han autoestimulado no alcanzaban el orgasmo con su pareja y agregaron que aquellas que no se masturban tienen una personalidad más inmadura que las que sí lo hacen.

Consecuentemente, hoy en día, la medicina, la psicología y la psiquiatría consideran que la masturbación es beneficiosa para el ser humano, para su sexualidad individual y para el desempeño sexual con su pareja. Pero, además, cuando el hombre sabe que ella también puede lograr el orgasmo sin su ayuda, les alivia la presión por su propio desempeño, algo fundamental en los casos de disfunción eréctil, eyaculación precoz y, en especial, de deseo sexual hipoactivo selectivo. En las últimas décadas, l@s sexólog@s han insistido en que las mujeres deben asumir la responsabilidad por su propio placer sexual, tanto de manera individual como cuando hacen el amor con su pareja.


Paralelamente a estos cambios de actitud se han ido enumerando una serie de importantes dividendos derivados de una práctica regular y frecuente de la masturbación femenina, independientemente de si se lleva también una satisfactoria vida sexual con el compañero. En efecto, los investigadores han descubierto que aquellas mujeres que tienen más relaciones sexuales al mes son asimismo las que más se masturban, lo cual corrobora la ley de Fisher que dice: mientras más sexo le damos a nuestro cuerpo, más sexo nos pide nuestro cuerpo. 

Entre los numerosos beneficios que se han encontrado en estudios e investigaciones se pueden señalar:

Fundamental para el desarrollo psicosexual, ya que posibilita que la mujer se conozca a sí misma, valore sus genitales, amplíe su repertorio sexual y descubra cómo funciona mejor su cuerpo, cuáles son las zonas y las formas que más les produce placer

Conservar incorporado el sexo a la vida cotidiana y mantener todo el sistema sexual funcionando adecuadamente, especialmente la lubricación vaginal y la capacidad orgásmica; gracias a lo cual aumenta la posibilidad de alargar - hasta el final de la vida - una satisfactoria actividad sexual

Aprender a soltarse física, mental y emocionalmente, liberándose de prejuicios y abandonándose al propio placer. Es fuente de creatividad y de enriquecimiento de la vida interior al conducir a elaborar fantasías sexuales, indispensables en el orgasmo femenino

Permite un aprendizaje de la respuesta sexual en un ambiente relajado, donde no hay que estar pendiente de la pareja y sin la presión de tener que ejercer un buen desempeño

Aumentar la probabilidad de alcanzar el orgasmo con la pareja en la medida que la mujer puede transmitirle mejor a su pareja lo que ha aprendido a solas

Confiar en que puede también gozar sexualmente, independientemente del coito y de su pareja, lo cual ayuda a que ella asuma su responsabilidad individual en el propio placer sexual.

Aliviarle al hombre la presión que siente ante el “deber” de satisfacer sexualmente a su mujer, con lo que estará menos tenso respecto a su propio desempeño sexual

Posibilita relajarse y liberar tensiones tanto sexuales, como fisiológicas (tensión menstrual y congestión pelviana) y psicológicas. Produce analgesia (bloquea dolores) y activa los mecanismos biológicos que combaten el estrés al liberar endorfinas y oxitocina

Es un ejercicio que tonifica los músculos y tiene efectos de embellecimiento al disminuir la grasa corporal, mejorar el pelo, la piel y la visión. Previene enfermedades al favorecer el sistema inmune, equilibrar el metabolismo, estabilizar la glucosa, reducir la presión arterial, mejorar los niveles de insulina, los parámetros hormonales y la circulación

Por otra parte, existen muchas maneras de masturbarse, entre las cuales cada mujer encuentra su modo muy particular de hacerlo, siendo todas ellas apropiadas. Algunas de las formas más comunes de practicarla son: estimulación de la zona clitórico/vulvar con la mano, descansando el cuerpo boca arriba o boca abajo; presionando y comprimiendo la zona clitórico/vulvar contra un objeto blando; apretando los muslos rítmicamente estando sentada, tendida o descansando sobre un costado; estimulación con agua en la zona clitórico/vulvar; inserción vaginal de un vibrador u de otros elementos.

En conclusión, la masturbación femenina - habitual y frecuente - no sólo es una práctica que no acarrea ninguna consecuencia negativa, sino que le aporta a la mujer una serie de beneficios y ventajas, especialmente para su salud y para la vida sexual con su compañero.

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